sábado, 14 de agosto de 2010

Próximo paradero


Viajar en micro, en la ciudad de Lima, es una gran travesía de avenidas innumerables y de distritos. Todo pasajero debe tener el valor y la astucia para saber afrontar, adecuadamente, los peligros limeños.
Cualquier individuo que suba a un micro, está en riesgo de ser estafado con la tarifa o de ser maltratado, injustamente, por los choferes y palancas.
Suele verse que muchos choferes no respetan las señales de tránsito ni el color de la luz del semáforo, por tal motivo, muchas veces, se producen los choques y atropellos.
Asimismo, uno es testigo de que, en repetidas ocasiones, dos líneas que conducen hacia el mismo destino y que se encuentran muy cerca, compiten por manejar más rápido el carro. Esto genera nerviosismo y ansiedad en los pasajeros, ya que se encuentra en peligro la vida de cada uno.
No existe ningún viaje, por medio del transporte público, sin los famosos desempleados que suben a los carros a vender golosinas, a cantar, a tocar algún instrumento como quena, zampoña, guitarra o charango o a hacerles bromas a los pasajeros. Es infaltable que digan, en su breve discurso, que acaban de salir de la cárcel o que han sufrido algún accidente.
Por otro lado, un derecho que no respeta con frecuencia, es el hecho de no darles el asiento reservado a las personas que lo necesitan con justa razón.
Recorrer gran cantidad de cuadras, dentro de un carro, es una gran odisea que nos conduce hacia nuestro próximo paradero.

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